Queridos Hermanos y Hermanas, ¡El Señor les dé la paz!
Nos preparamos para celebrar Pentecostés, día tan amado por san Francisco que veía en el Espíritu Santo al verdadero Ministro general de la Orden. En este día nos confiamos una vez más al “Señor que da la vida” e invocamos con fe su santa operación (2R 10,8) sobre nosotros y sobre toda la humanidad: ¡Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor!









