«Dichosa, en verdad, aquella a la que se le ha dado gozar de este sagrado banquete, y apegarse con todas las fibras del corazón a Aquel cuya belleza admiran sin cesar todos los bienaventurados ejércitos celestiales; cuyo amor enamora, cuya contemplación reanima, cuya benignidad llena: Él es el esplendor de la gloria, reflejo de la luz perpetua y espejo sin mancha» (4Cta Cl 9-11.14)
Queridas hermanas que vivís en la Iglesia y en medio del mundo el carisma de Santa Clara: El Señor os dé la Paz.




















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